¿Feminismo o gamberrismo? ¿Cuestión social o mal gusto? Si hace unos años las mujeres predían quemar sujetadores, hoy piden tener los sobacos y los coños así, al natural.

¿Qué opinarán los jipis, que ahora son los primeros en depilarse? ¿Estamos cambiando los roles sexuales? ¿Las modas? ¿Los cánones de belleza?

Yo tengo una máxima. Y es que donde hay pelo, hay alegría. Pero claro, es otro rollo… ¿o es el mismo?

#033 la moda chonigay

25 Enero 2010

La moda gay ha llegado a lo choni. La moda choni ha llegado a lo gay. Visto esta mañana en la Plaza de los Sitios.

Por un lado está divertido dejar constancia del amor. Por otro, está divertido que estas cosas reservadas a la mayoría hetero lleguen también a la minoría homo.

Y salen los rotuladores. Y aparece mi cámara.

#032 a cara me se chela

12 Enero 2010

Últimamente nieva mucho en Zaragoza. En el último mes ya hemos visto hasta cuatro nevadas. Algunas han cuajado menos, otras han cuajado más.

Ciertamente, no hay nada mejor que mirar por la ventana desde la cama, abrigadito hasta las cejas, y ver cómo los copos de nieve se siguen uno tras otro, bailando al ritmo de Coldplay, The Killers o cualquier otro grupo musical que te presente en latitudes superiores.

¡Ah! ¡El invierno!

#031 ya no queda ná

17 Septiembre 2009

busvaldespartera

Queda bien poco para ver los uves de nuevo dando vueltas por la ciudad…

Y el INT, aunque este año sólo subirán los que suban a Interpeñas. Ya veréis la que se va a montar…

sialgoseleofrece

Me entran ganas de llamar. De llamar y de decirles todas y cada una una de las cosas que pienso. Podríamos empezar por la Expo, los Presupuestos, las obras del FEIL y los barquitos. Podríamos seguir por los recortes en Acción Social y Juventud, Valdespartera, Arco Sur, La Romareda y la ampliación urbanísitica de San José. El Reglamento de Participación Ciudadana, el sueldo del Alcalde y los vaivenes políticos, estúpidos, que convierten a la ciudad en un reducto caciquil.

Sí, se me ofrecen cosas. Igual les llamo.

#029 la memoria

17 Agosto 2009


lamemoria

Hace ya unos años, y gracias a una larga reivindicación de la Asociación de Vecinas y Vecinos de San José, el Ayuntamiento de Zaragoza, se dignó a construir el Jardín de la Memoria, cuando nadie se atrevía todavía a hablar de memoria histórica en el Congreso de los Diputados.

Hoy, en aquel viejo descampado, podemos encontrar a gente chica y gente grande compartiendo un espacio de juego y esparccimiento bien majo en el corazón de la ciudad.

harinera

Leo en el Periódico de Aragón que los vecinos de San José están (estamos) preocupados por la posible okupación de La Harinera, un edificio del rico patrimonio industrial de nuestra ciudad que comenzó su rehabilitación como centro de creación juvenil en la pasada legislatura y que ha quedado suspendido por el Equipo de Gobierno Municipal durante la presente. Yo no tengo miedo a la okupación, pero los vecinos “pre-okupados”, me han dado una idea…¡okupemos La Harinera!

> Okupemos La Harinera!

escaparate

Me paré delante de una relojería y estuve un buen rato mirando el escaparate. Uno detrás de otro, todos los relojes marcaban la misma hora y los segunderos bailaban a la vez la más triste de todas las melodías, la del tiempo perdido, viendo pasar por delante de ellos el invierno, y con el invierno, uno detrás de otro, los hombres y mujeres de la ciudad, con sus paraguas luchando contra la lluvia, contra una lluvia fina pero responsable de la tristeza de la ciudad.

Los relojes continuaban ahí, implacables como el tiempo que marcaban, dando la tediosa sensación de estar perdiendo el tiempo, como lo estaban haciendo yo amando a quien no podía amarme.
El viaje, de veras, era tortuoso, como ese viaje de las ciento cuarenta y siete curvas de la carretera de Obaba. Y cual lagarto en un cuento de Atxaga, intentaba meterme en el interior de un corazón, sin percatarme de esos relojes, que todavía continuaban delante de mí.
Me pareció que la rapidez de los segunderos era ahora la de los minuteros. Y, en verdad, lo era. La noche había caído ya; esa noche de invierno, embaucadora como no eran otras, que no deja salir de su interior si no es por un trágico final.
Llegué a casa y sólo pude subir al desván y levantar la sábana que cubría el viejo giradiscos del abuelo.
La falsa era mi medicina. Ahí me veía trasladado a otra dimensión, a otra realidad. Era algo así como volver a ser niño. Y, en verdad, con todos esos objetos cargados de recuerdos así era. Desde la vieja máquina de coser de la abuela hasta los juguetes con los que comencé a preguntarme las cosas importantes de la vida. Y ahí, en medio, en un lugar preferencial, la vieja muñeca de trapo de mi hermana. Ese viejo trapo me cargaba de recuerdos, mitad buenos, mitad malos. Las interrogantes que después respondería, finalmente.
Apagué el giradiscos y bajé del desván dirigiéndome a la biblioteca donde el abuelo guardaba libros y más libros, además de sus escritos, en papel, algunos a mano y otros tipografiados, y puse en marcha la máquina de escribir.
Una detrás de otra, las letras me salían solas, escribiendo la más bonita historia de amor, mitad realidad mitad ficción; pero una ficción que, sin dudarlo, escondía los sueños rotos y hechos amargura en una triste noche de invierno.
Quizá en otra ocasión os la cuente. Hoy me quedo con los relojes del escaparate, haciendo pasar el tiempo, implacable hasta que la flor se marchite definitivamente.

Me paré delante de una relojería y estuve un buen rato mirando el escaparate. Uno detrás de otro, todos los relojes marcaban la misma hora y los segunderos bailaban a la vez la más triste de todas las melodías, la del tiempo perdido, viendo pasar por delante de ellos el invierno, y con el invierno, uno detrás de otro, los hombres y mujeres de la ciudad, con sus paraguas luchando contra la lluvia, contra una lluvia fina pero responsable de la tristeza de la ciudad.

Los relojes continuaban ahí, implacables como el tiempo que marcaban, dando la tediosa sensación de estar perdiendo el tiempo, como lo estaban haciendo yo amando a quien no podía amarme.

El viaje, de veras, era tortuoso, como ese viaje de las ciento cuarenta y siete curvas de la carretera de Obaba. Y cual lagarto en un cuento de Atxaga, intentaba meterme en el interior de un corazón, sin percatarme de esos relojes, que todavía continuaban delante de mí.

Me pareció que la rapidez de los segunderos era ahora la de los minuteros. Y, en verdad, lo era. La noche había caído ya; esa noche de invierno, embaucadora como no eran otras, que no deja salir de su interior si no es por un trágico final.

Llegué a casa y sólo pude subir al desván y levantar la sábana que cubría el viejo giradiscos del abuelo.

La falsa era mi medicina. Ahí me veía trasladado a otra dimensión, a otra realidad. Era algo así como volver a ser niño. Y, en verdad, con todos esos objetos cargados de recuerdos así era. Desde la vieja máquina de coser de la abuela hasta los juguetes con los que comencé a preguntarme las cosas importantes de la vida. Y ahí, en medio, en un lugar preferencial, la vieja muñeca de trapo de mi hermana. Ese viejo trapo me cargaba de recuerdos, mitad buenos, mitad malos. Las interrogantes que después respondería, finalmente.

Apagué el giradiscos y bajé del desván dirigiéndome a la biblioteca donde el abuelo guardaba libros y más libros, además de sus escritos, en papel, algunos a mano y otros tipografiados, y puse en marcha la máquina de escribir.

Una detrás de otra, las letras me salían solas, escribiendo la más bonita historia de amor, mitad realidad mitad ficción; pero una ficción que, sin dudarlo, escondía los sueños rotos y hechos amargura en una triste noche de invierno.

Quizá en otra ocasión os la cuente. Hoy me quedo con los relojes del escaparate, haciendo pasar el tiempo, implacable hasta que la flor se marchite definitivamente.

 

cartelrajoy
Por mi, se pueden meter sus carteles, sus promesas, sus mentiras, sus mierdas varias, por el culo.

#025 portillo

27 Mayo 2009

portillo

¿Para cuándo una red de Cercanías en condiciones en esta nuestra ciudad?

Y cuando digo en condiciones digo, también por dentro de la ciudad…